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REGÁLATE UNOS MINUTOS A TI MISMO PARA LEERLAS Y PENSAR EN ELLAS
Hace más de 3 millones de años comenzaron a escasear los bosques, y entre los primates hubo algunos que se arriesgaron a bajar a tierra. Mientras que los más conservadores prefirieron permanecer las copas de los árboles, los más audaces se aventuraron en busca de mayores posibilidades de sobrevivir. Los que descendieron a tierra evolucionaron hasta ser lo que somos hoy, los que permanecieron en las copas de los árboles siguen estando todavía en el mismo lugar.
Hay algo que nos diferenció de nuestros primos los monos. Y ese algo no era inteligencia ni destreza física, fue nuestro espíritu emprendedor. Gracias a ese espíritu llegamos al punto en donde estamos ahora.
Lo cierto es que el espíritu emprendedor sigue habitando dentro nuestro. Todos nosotros tenemos necesidad de vivir nuestra vida de la misma manera que lo hicieron nuestros antepasados cuando descendieron a la tierra. Aferrado a las ramas de tu árbol, por miedo al fracaso, estás luchando con tu naturaleza de animal emprendedor. Esa lucha es lo que se llama una disonancia cognosciva, y es la principal causa de estrés.
A ver, vamos a poner un ejemplo. La motivación surge de un desequilibrio. Los adiestradores sabemos bien de esto, debemos desequilibrar al perro para motivarlo a trabajar. De la misma manera que debemos desequilibrar nuestro cuerpo para caminar. Nuestro cuerpo en perfecto equilibrio se encuentra estático, pero cuando nos balanceamos hacia adelante, perdiendo el equilibrio, atajamos nuestra caída avanzando un pie, luego volvemos a desequilibrarnos hacia adelante y atajamos nuestra caída avanzando el otro pie, nuestro caminar es una sucesión de caídas evitadas justo a tiempo por el avance de uno y otro pìe alternativamente. Entonces el equilibrio no nos permitirá avanzar, pero el desequilibrio al cual no respondemos con la acción exacta nos hará caer. Si nuestro cuerpo está desequilibrado hacia adelante, y para resolver ese desequilibrio llevamos un pie hacia atrás sin duda vamos a darnos la cara contra el piso. Si tenemos el estómago vacío comenzamos a tener hambre. Si como respuesta a este desequilibrio nosotros reaccionamos con una conducta diferente a la necesaria, por ejemplo tratamos de resolver el hambre leyendo el periódico, lo que vamos a hacer esa aumentar nuestro malestar y nuestros estrés. Del mismo modo si tenemos necesidad de ver el periódico porque estamos ansiosos por saber qué número salió en la lotería de anoche, y para resolver ese desequilibrio en lugar de leer el periódico tomamos un vaso de agua. No sólo no vamos a resolver el problema sino que incrementaremos también en estrés.
Entonces mientras estás aferrado a las ramas de tu árbol, padeciendo el desequilibrio que causa la incongruencia entre el deseo de avanzar, de progresar, de descender del árbol para evolucionar, y la realidad de que permaneces en el árbol por miedo al fracaso, por abandono, por dejarlo para mañana, estás padeciendo un estrés que sólo se resuelve poniendo en marcha en tu espíritu emprendedor y descender del árbol sin prestar mayor atención a los miedos y a lo que digan los que no se animen por envidia hacia tu decisión.
Estoy convencido de que no estás conforme con tu actual situación en tu rama del árbol. Seguramente estás pensando en un futuro cambiar esta situación. Pero el pensar a futuro no resuelve el problema que tenemos hoy, y el pensar a futuro sin trazar un plan con plazos y objetivos claros, sabes perfectamente que no es más que una utopía y que permanecerás en tu árbol toda la vida intentando resolver tu apetito leyendo el diario, es decir intentando resolver tu deseo ponerte en marcha para evolucionar, cambiando el coche.
Seguramente no estás conforme con el dinero que garras. En muy probable que tampoco te guste el trabajo que realizas día a día. También estás metido en una rueda en la que tienes que trabajar para obtener el dinero con el cual vives, pero esa vida que ganas con tanto trabajo sabes que la desperdicias trabajando. Se que estás convencido que en algún momento esta situación va a cambiar, pero si yo te pregunto cuál es el acontecimiento que estás esperando que hará que cambie esta situación, estoy completamente seguro que tu respuesta es " no los sé " ... ¿me equivoco? sé honesto contigo mismo, estás esperando el hada madrina que como a la cenicienta le apareció de la nada para resolver todos sus problemas y cambiarle la vida con un movimiento de su varita, pero eso es un cuento, no es real. en la vida real nuestra hada madrina está dentro nuestro, en nuestra naturaleza emprendedora heredada de nuestros antepasados que bajaron de los árboles.
Te pregunto ¿Cuánto hiciste para que cambie esta situación en la que estás metido?. Mira a tu alrededor en tu casa, está llena de tonterías que no necesitas, pero sin embargo esas tonterías suman una cantidad de dinero muy importante, dinero que representa no haber podido hacer otras cosas que realmente si necesitabas, y dinero que significa horas de trabajo que dejaste en tu empleo actual, cuando bien podrías haber empleado esas horas para emprender el camino de descenso del árbol.
El estrés como dijimos lo causa el desequilibrio, el desequilibrio en este caso es tu deseo de que algo cambie contrastando con tu actitud pasiva de no cambiar nada. Agota mucho más el saber que tenemos algo pendiente para hacer y no hacerlo, que el estar haciéndolo. Nos tensa, no estresa, el saber que tenemos cosas pendientes y necesarias pero que estamos paralizados.
Los otros días mi hija se detuvo en nuestra sala un instante, y mirando a su alrededor comentó " que increíble, me acuerdo que en una época ni siquiera teníamos un aparato de televisor en color, pasar de eso a todo esto... " y yo le respondí que no teníamos un aparato de televisor en color porque en ese momento lo que yo necesitaba era caminar a mi objetivo, ir hacia mi meta, y por eso invertía mi tiempo y mi dinero en capacitarme, comprar mejores perros, armar mejores equipos de pista, hacer publicidad para posicionarme mejor, adiestrar, adiestrar, adiestrar, ganar experiencia, y todo eso hacerlo, por un lado para que yo me sienta más cómodo sabiendo que estaba haciendo lo correcto en lugar de dejarlo para más adelante (es decir nunca), por otro lado para que ahora tengamos un buen presente y un mejor futuro.
Si yo volviera a nacer volvería a hacer exactamente lo mismo que hice. Seguramente habría cosas que cambiaría, pequeños detalles, ajustes, pero no dudaría un instante en descender del árbol como lo hice desde el principio, y no permitir que absolutamente nada ni nadie me impidan continuar hacia mi meta. Todo eso lo hice en Argentina, una Argentina que padeció de todo durante todo mi trayecto hacia este punto donde estoy ahora. Hubo recesiones, pero de verdad, no pequeñas depresiones, estoy hablando de índices de desocupación real de más de un 30%. En medio del camino ocurrieron dos hiperinflaciones, donde en los supermercados remarcaban el producto hasta tres o cuatro veces en el trayecto que iba desde la góndola hasta la caja, incluyendo algunas remarcación más en la caja misma antes de pagarlo. Y esto no lo digo en sentido figurado, fue exactamente así. No hubo nada simple en el entorno. Sin embargo no permití que algo me impida que llegue a mi objetivo.
Ahora bien, durante los próximos días vamos a dar la oportunidad de comenzar el camino hacia el sueño de convertirse en el mejor adiestrador con una promoción que sólo dimos una vez en estos años, y que probablemente pase mucho tiempo hasta que volvamos a repetirla. Estoy con este ofrecimiento empujándote para que te sueltes de las ramas dónde estás aferrado. Si decides soltarte o no es tu decisión. No había diferencias físicas ni de inteligencia entre aquellos antepasados nuestros que decidieron bajar del árbol y los que decidieron quedarse en los mismos. El decir los que bajaron, no bajaron por ser superiores en inteligencia, sino que porque bajaron empezaron el camino para superarse en inteligencia. Hoy el ser humano es dueño de sí mismo y decide como vivir su propia vida, mientras que nuestros primos nos miran desde los árboles condenados a no poder volar, a no poder nadar, no poder navegar veleros, a no poder crear, a no poder construir. Pero nada nos diferenciaba en aquellos tiempos de ellos, no fue el hecho de ser más inteligentes que nos hizo mejorar, sino el hecho de bajar lo que nos hizo más inteligentes. Henry Ford no se diferenciaba de cualquier condenado al empleo gris en cuanto a su inteligencia ni destreza física, lo que lo diferenció es que él bajó del árbol, el otro se quedó en las ramas de su oficina. Fue solo un instante de decisión lo que cambio toda su vida y la de sus descendientes. Al igual que ese empleado informático a quienes unos amigos invitaron a sumarse a ellos para participar de un emprendimiento nuevo, él dijo que prefería conservar su empleo, ellos se apretujaron en la pequeña oficina que habían alquilado para comenzar su pequeño emprendimiento ... lo llamaron Yahoo!
Es ese instante el que separa los que evolucionan de los que se estancan para siempre.
Sabes que no accederás más a toda esta capacitación por este precio. El curso más barato en la escuela más pequeña cuesta el doble de lo que te estamos ofertando por todos estos cursos avanzados, incorporándote a una red de adiestradores que se esparce por todo el mundo, la más grande que existe, pero es solo un momento de decisión o de indecisión, como con quienes descendieron de los árboles, tu lo decides, es un clic en tu cabeza que se transmite a un clic en tu mano, eso es todo lo que separa las dos ramas de las posibilidades para tu futuro.
Yo se que estás consciente de que este es el momento, así que anticipadamente te doy la bienvenida nuestra escuela y el comienzo de tu nueva vida.
Hay algo que nos diferenció de nuestros primos los monos. Y ese algo no era inteligencia ni destreza física, fue nuestro espíritu emprendedor. Gracias a ese espíritu llegamos al punto en donde estamos ahora.
Lo cierto es que el espíritu emprendedor sigue habitando dentro nuestro. Todos nosotros tenemos necesidad de vivir nuestra vida de la misma manera que lo hicieron nuestros antepasados cuando descendieron a la tierra. Aferrado a las ramas de tu árbol, por miedo al fracaso, estás luchando con tu naturaleza de animal emprendedor. Esa lucha es lo que se llama una disonancia cognosciva, y es la principal causa de estrés.
A ver, vamos a poner un ejemplo. La motivación surge de un desequilibrio. Los adiestradores sabemos bien de esto, debemos desequilibrar al perro para motivarlo a trabajar. De la misma manera que debemos desequilibrar nuestro cuerpo para caminar. Nuestro cuerpo en perfecto equilibrio se encuentra estático, pero cuando nos balanceamos hacia adelante, perdiendo el equilibrio, atajamos nuestra caída avanzando un pie, luego volvemos a desequilibrarnos hacia adelante y atajamos nuestra caída avanzando el otro pie, nuestro caminar es una sucesión de caídas evitadas justo a tiempo por el avance de uno y otro pìe alternativamente. Entonces el equilibrio no nos permitirá avanzar, pero el desequilibrio al cual no respondemos con la acción exacta nos hará caer. Si nuestro cuerpo está desequilibrado hacia adelante, y para resolver ese desequilibrio llevamos un pie hacia atrás sin duda vamos a darnos la cara contra el piso. Si tenemos el estómago vacío comenzamos a tener hambre. Si como respuesta a este desequilibrio nosotros reaccionamos con una conducta diferente a la necesaria, por ejemplo tratamos de resolver el hambre leyendo el periódico, lo que vamos a hacer esa aumentar nuestro malestar y nuestros estrés. Del mismo modo si tenemos necesidad de ver el periódico porque estamos ansiosos por saber qué número salió en la lotería de anoche, y para resolver ese desequilibrio en lugar de leer el periódico tomamos un vaso de agua. No sólo no vamos a resolver el problema sino que incrementaremos también en estrés.
Entonces mientras estás aferrado a las ramas de tu árbol, padeciendo el desequilibrio que causa la incongruencia entre el deseo de avanzar, de progresar, de descender del árbol para evolucionar, y la realidad de que permaneces en el árbol por miedo al fracaso, por abandono, por dejarlo para mañana, estás padeciendo un estrés que sólo se resuelve poniendo en marcha en tu espíritu emprendedor y descender del árbol sin prestar mayor atención a los miedos y a lo que digan los que no se animen por envidia hacia tu decisión.
Estoy convencido de que no estás conforme con tu actual situación en tu rama del árbol. Seguramente estás pensando en un futuro cambiar esta situación. Pero el pensar a futuro no resuelve el problema que tenemos hoy, y el pensar a futuro sin trazar un plan con plazos y objetivos claros, sabes perfectamente que no es más que una utopía y que permanecerás en tu árbol toda la vida intentando resolver tu apetito leyendo el diario, es decir intentando resolver tu deseo ponerte en marcha para evolucionar, cambiando el coche.
Seguramente no estás conforme con el dinero que garras. En muy probable que tampoco te guste el trabajo que realizas día a día. También estás metido en una rueda en la que tienes que trabajar para obtener el dinero con el cual vives, pero esa vida que ganas con tanto trabajo sabes que la desperdicias trabajando. Se que estás convencido que en algún momento esta situación va a cambiar, pero si yo te pregunto cuál es el acontecimiento que estás esperando que hará que cambie esta situación, estoy completamente seguro que tu respuesta es " no los sé " ... ¿me equivoco? sé honesto contigo mismo, estás esperando el hada madrina que como a la cenicienta le apareció de la nada para resolver todos sus problemas y cambiarle la vida con un movimiento de su varita, pero eso es un cuento, no es real. en la vida real nuestra hada madrina está dentro nuestro, en nuestra naturaleza emprendedora heredada de nuestros antepasados que bajaron de los árboles.
Te pregunto ¿Cuánto hiciste para que cambie esta situación en la que estás metido?. Mira a tu alrededor en tu casa, está llena de tonterías que no necesitas, pero sin embargo esas tonterías suman una cantidad de dinero muy importante, dinero que representa no haber podido hacer otras cosas que realmente si necesitabas, y dinero que significa horas de trabajo que dejaste en tu empleo actual, cuando bien podrías haber empleado esas horas para emprender el camino de descenso del árbol.
El estrés como dijimos lo causa el desequilibrio, el desequilibrio en este caso es tu deseo de que algo cambie contrastando con tu actitud pasiva de no cambiar nada. Agota mucho más el saber que tenemos algo pendiente para hacer y no hacerlo, que el estar haciéndolo. Nos tensa, no estresa, el saber que tenemos cosas pendientes y necesarias pero que estamos paralizados.
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Yo se que estás consciente de que este es el momento, así que anticipadamente te doy la bienvenida nuestra escuela y el comienzo de tu nueva vida.
Orlando Eijo
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