|
Adiestramiento canino “progre” versus adiestramiento canino “autoritario”.
Haz click aquí para escuchar esta editorial La idea de esta serie de artículos es la de aclarar algunos puntos que están generando confusiones respecto del conductivismo y el instintivismo. El condicionamiento operante es la piedra basal de conductivismo, mientras que el empleo del instinto como motor de las acciones caninas es la piedra basal de instintivismo. El condicionamiento operante se basa en antiguos estudios del reflejo condicionado de Pavlov. Muchos recordarán que una de las experiencias más difundidas sobre estos estudios fue aquella según la cual se conseguía la secreción de saliva por parte de un perro cuando escuchaba un sonido que había estado asociado a la alimentación. Según esta técnica el perro tiende a repetir las acciones por las que recibe un premio y a reprimir las acciones por las que recibe un castigo. Esto quiere decir que si yo enseño a un perro a sentarse dándole una golosina cada vez que se sienta estoy empleando condicionamiento operante, y si yo le enseño a sentarse aplicando un azote en la grupa, con lo cual el perro para evitar el dolor se sentará, también estoy empleando condicionamiento operante. En el primer caso por refuerzo positivo, en el segundo caso por refuerzo negativo. Es importante esta aclaración ya que los instintivistas NO empleamos el condicionamiento operante como la base de nuestro trabajo sino el instinto, por lo que cuando alguien pretende acusarnos de emplear refuerzos negativos se está olvidando que el condicionamiento operante por refuerzos negativos es conductivista, tan conductivista como el condicionamiento operante por refuerzos positivos, y no tiene nada que ver con los adiestradores instintivistas. Desde el número 3 de esta revista hemos tratado alternadamente la cuestión del adiestramiento basado únicamente en refuerzos positivos. Venimos diciendo que hay dos corrientes de trabajo claramente diferenciadas. Quienes, basándonos en el sistema natural de educación animal, sostenemos que deben existir tanto el “sí” y el “no” somos tildados de autoritarios y coercitivos, mientras quienes sostienen sólo debe existir el “si” y nunca aplicar un “no”, se consideran a sí mismos progresistas. Cada tanto me encuentro con algún artículo en el que se hace alguna mención a mis técnicas y en general a las técnicas de los adiestradores avanzados en forma despectiva, comparando una mordida correctiva en el cuello de un cachorro con una patada a un perro y afirmando directa o indirectamente que el método que aplica correcciones es un método que no alienta las conductas deseables, sino que se basa en la represión y el miedo. Por supuesto que no me interesa dar nombres de las personas autoras de estos artículos, pero sí debo aclarar que, al menos en los casos que conozco personalmente, son más los artículos que han escrito que los perros que han adiestrado y no han demostrado absolutamente ningún resultado concreto más allá de ejercicios básicos. Jamás han ganado un concurso de trabajo, no han adiestrado perros avanzados, ni han filmado películas como coordinadores de acción animal, ni nada que pueda llamarse adiestramiento avanzado. Sus teorías se basan únicamente en artículos que escriben, pero nunca pueden ser demostrados en la práctica con trabajos que hayan realizado. Concretamente no les conozco un solo perro adiestrado en trabajos avanzados, e incluso admiten no tener logros que exhibir en materia práctica. Quiero decir que mientras que yo pretendo demostrar en lo teórico lo que digo con pruebas escritas, también me aseguro de cerrar el círculo demostrándolo con los resultados obtenidos, pero a todo esto sólo recibo como respuesta artículos teóricos sin ninguna demostración de resultados concretos, escritos por personas que no tienen logros en materia de adiestramiento con los que demuestren que en sus palabras hay algo más que un simple discurso. Artículos tales que están plagados de críticas personales más que profesionales, por ejemplo esta parte que copié de un artículo de un escritor sobre adiestramiento de quien no conozco ningún resultado concreto en la materia pero que ha escrito decenas de artículos sobre cómo deben adiestrar perros otras personas cuando todavía él no ha demostrado cómo hacerlo: Muchos recomiendan reprender al cachorro como lo haría su madre, esto es: tomarlo de la piel laxa del pescuezo y zarandearlo para que comprenda que estamos disgustados con él y lograr que el comportamiento, por el cual ha sido reprendido, no se repita a futuro. Es más, los cultores de los métodos coercitivos tienen preparado un argumento “muy lógico” para explicar el porqué del uso del collar de ahorque, dicen con un discurso muy bien estudiado:...”es una extensión del brazo del adiestrador que imita las fauces de la madre que castiga y corrige las conductas indeseables, bla, bla, bla...” ¡ Bravo! Reflexionando sobre estos argumentos se me ocurre una pregunta ¿por qué los escarmentamos como sus madres y después les exigimos que no hagan cosas para lo que están diseñados por millones de años de evolución? Creo tener la respuesta: Es más fácil reprimir que alentar. Si pudieran hablar en nuestra lengua nos pedirían un poco de cordura. Es más fácil jerarquizar a un cachorro utilizando medios naturales, como la comida, que patearlo a cada instante. Es más, los que defienden los procedimientos punitivos sostienen que, en libertad, los machos dominantes someten por la fuerza a todos los miembros del grupo. Permítanme decirles que esto es un mito pues la mayoría de los trabajos realizados con perros salvajes, nos demuestran que este recurso es esgrimido sólo en situaciones límites y no con frecuencia. A veces es muy difícil no perder la paciencia y sucumbir a la tentación de darles un puntapié. No pensamos en “NO” como un castigo y es por ello que lo usamos frecuentemente. Cada vez que decimos “NO”, lesionamos la relación de verdadero amor que nuestro entenado mantiene con nosotros. La frase referida al collar entrecomillada por este escritor es una frase mía con lo cual es obvio que se refiere a mí cuando hace esos despectivos comentarios. Despectivos e irrespetuosos viniendo de un aprendiz de adiestrador que hace poco tiempo está dando sus primeros pasos en esta profesión. Lo llamo escritor y no adiestrador porque no le conozco ningún logro en adiestramiento realmente profesional y porque él mismo admite no tenerlos, por lo cual es evidente que solo puedo calificarlo como escritor de artículos y no como una persona que explica cómo lograr algo que él ha logrado en la práctica. Yo llamo adiestrador a quien ha demostrado saber adiestrar con su trayectoria y que luego escribe a cerca de cómo logró esos resultados. Además de la falta de respeto al adjudicarme falta de cordura, se desprende de este párrafo una absoluta ignorancia: la comida no es un método natural de jerarquización. Sin necesidad de explayarme mucho en fundamentos científicos basta una simple prueba: todos los días nos encontramos con perros no jerarquizados que dominan a toda la familia, perros dueños del sillón de la sala y del espacio que se les antoja mediante gruñidos a sus dueños, a pesar de que son los humanos de la casa quienes los alimentan (a menos que esos perros salgan de compras). Pensar que quien alimenta es quien ejerce la jerarquía superior es un absurdo y si al menos hubieran dedicado una parte de su tiempo a adiestrar perros se habrían encontrado con miles de casos de perros dominantes de un hogar a pesar de ser alimentados por los dueños. En cuanto a la afirmación de que exigimos que no hagan cosas que naturalmente harían, escuché esa crítica de parte de un autotitulado “etólogo” (que resultó no ser tal) cuando me dijo en un debate: “lo que afirmas es para justificar tu teoría de que el perro es un lobo, pero si cuando el perro hace algo lo hace por la motivación de cacería ¿dónde viste un lobo subiendo una escalera de 4 metros para cazar?” Se estaba refiriendo a que uno de mis perros había hecho hacía pocos días una exhibición, la cual él había presenciado como público (no como adiestrador porque nunca adiestró un perro en toda su vida). En dicha exhibición mi perro trepaba por una escalera de 4 metros de altura, pero su imaginación obtusa y su apresuramiento para acusar sin pensar no le hizo reflexionar a cerca de las escarpadas laderas que trepan los lobos cuando están motivados por la excitación cinegética, es decir, que para cazar trepan, corren, saltan y hacen todas las cosas que hacía mi perro en ese show. Notemos además que no habla de comportamiento de lobos, sino de perros. El motivo de esto es que se encuentra enrolado en un grupo de personas que todavía discuten que el perro sea ni más ni menos que un lobo domesticado. ¿Porqué lo discuten? Porque no tienen nada para mostrar en materia de adiestramiento canino, entonces cuando no muestras nada debes tratar de ser polémico, y porque además desconocen el lenguaje canino y por lo tanto lo mejor que pueden hacer es afirmar que el mismo está en discusión. Los instintivistas sabemos que el perro es un lobo domesticado, así como el cerdo es un jabalí (una de sus subespecies) y el coballo es un “cuis” (tal es el nombre común del conejo de indias que habita en las pampas argentinas en estado salvaje). Discutir a esta altura si el lobo y el perro son o no son la misma especie es como discutir todavía si la tierra es plana o es redonda. Esa discusión tenía razón de ser antes de que la tecnología permitiera decodificar el ADN, pero hoy ya es una discusión antigua. Pueden ver el extenso artículo del número 8 de esta revista. En cuanto al supuesto mito del sometimiento por la fuerza, afirma que en la mayoría de los trabajos se demuestra que el recurso de la fuerza es muy raro. Primero que nada tengo una biblioteca con más de 200 libros de biología en distintos idiomas y jamás he leído una afirmación como la de esa supuesta “mayoría de los trabajos con perros salvajes”. Por el contrario, todos los trabajos que tengo en mi haber dicen que los enfrentamientos y reyertas son frecuentes pero inhibidos, es decir sin llegar a herir, cosa que además se observa claramente en todos los videos de mi videoteca. Los invito a observar videos de lobos sin ir más lejos en Discovery Chanel por ejemplo, y verán cómo el uso de la autoridad de manera ostentosa es constante y se aplica con gruñidos, mordidas sin clavar los dientes y gestos de agresión que no llegan a la sangre. Pero hay algo más que desconoce, ya que no solo se somete por la fuerza sino básicamente por el liderazgo fundado en un lenguaje gestual, de lo contrario no existirían lobas líderes. Sabemos que después del lobo alfa se ubica en segundo lugar de jerarquía la loba beta, si no existiera el lenguaje gestual de liderazgo y las jerarquías solo se basaran en la mayor fuerza, los machos por su mayor tamaño y fuerza tendrían los más altos espacios de poder en la manada dejando a las hembras en los lugares más bajos. Y finalmente, el tema de nunca decir “NO” es el tema que trataremos a continuación en esta nota. No quiero entrar en este juego de palabras a cerca de si es más importante la teoría que la práctica. Yo creo que ambas cosas son importantes, porque si teorizamos pero no apoyamos esas teorías con resultados que demuestren que son válidas, todo termina en una simple teoría no probada. Sin embargo esta vez deberé a hacer un debate únicamente teórico ya que en lo practico sería yo el único que podría mostrar logros, sin molestarse en ir más lejos basta para ello ver los videos que ofrecemos en esta web. De modo que olvidaremos los logros y resultados y centraremos el debate únicamente en la teoría. La moda del permisivismo en la educación humana llevada al adiestramiento canino El adiestramiento canino, no escapa a las modas y creencias, a las tendencias generales de la sociedad. Cuando estuvo de moda ser autoritario, el adiestramiento era autoritario, cuando estuvo de moda ser liberal, el adiestramiento fue liberal. Primero que nada echemos una mirada a lo que fue el conductivismo o conductismo. El conductismo En determinados momentos todo el conocimiento y la práctica estaban regidos por el conductismo, apoyado en los postulados de Descartes, los cuales se encontraban condicionados por la presión de la iglesia. En esta época no se podía admitir que un perro tuviera conciencia de sí mismo. Se les consideraba simples máquinas de acción y reacción. Asumir que el perro era consciente implicaba tener que asumir que quizás el perro tuviera alma, y esto llevaría luego a la explicación posterior a cerca de cuál era el destino de ese alma. Quizás no hubiera sido demasiado problemático para la iglesia expresar que nuestra querida mascota podía ir al cielo, pero sí los perros tenían alma también probablemente podrían tenerla otros animales, y el tener que justificar el porqué una cucaracha podía ir al cielo o al infierno era algo que en ese momento no podía entrar en debate. Por todo esto se decidió que los animales no tenían alma, y para esto debía tomarse como una verdad absoluta que los animales no tenían conciencia de sí mismos y de su entorno, y por tanto sólo se trataba de máquinas que respondían con reacciones a las acciones del medio. Como una luz que se enciende cuando pulsamos una tecla, el perro reacciona cuando recibe un determinado estímulo, de manera automática, sin felicidad ni tristeza, sin alegría ni placer, simples máquinas que cuando gemían no era por dolor sino por reacción, según afirma un psicólogo canadiense conocido por todos los adiestradores, los gemidos de dolor de un animal que estaba siendo abierto sin anestesia para su estudio, eran lo mismo que los ruidos que hacía un aparato de relojería al ser desarmado. No hace falta imaginar las crueldades que fueron consecuencia de estas teorías. De este pensamiento surge el conductismo, el cual rigió cualquier tipo de adiestramiento de animales cuando todavía se trataba de una actividad primitiva. Según el conductismo un animal responde por condicionamiento operante, como una computadora responde por programación, tal es así que incluso muchos llaman “cargar” un estímulo en la memoria del perro cuando se condiciona el reflejo que relaciona el alimento con el clic del clicker. Las eras de no a todo y del sí a todo Todo lo que le sucede a la sociedad en materia de formas de pensamiento lo llevamos rápidamente a las actividades que desarrollamos, y el adiestramiento canino es una de ellas. Así en una época la educación de los niños se ejercía mediante la aplicación a rajatabla del autoritarismo, y en esa misma época el adiestramiento canino contaba entre sus herramientas con un pequeño látigo o azote, de la misma manera que en las escuelas se empleaba el puntero o la regla para castigar físicamente a los alumnos. Lo del azote no lo digo en forma figurada, se encuentra en los viejos manuales de adiestramiento canino anteriores a la segunda guerra mundial, tengo uno que rescaté hace unos años de una antigua librería, lo conservo en mi biblioteca como material histórico. Volviendo a lo que iba, del miedo a la autoridad de los padres se pasó al otro extremo, al miedo a la autoridad de los hijos. Esto lo expresa maravillosamente el filósofo Jaime Barilko en su libro " El Miedo Los Hijos ". Entonces vino el tiempo en que decir un NO a un hijo era arruinar su autoestima, destruir su confianza en nosotros. Hubo teorías que decían que si el niño deseaba romper a hachazos el piano debía dejársele hacer libremente, solo limitarse a no estimularlo, es decir había que estimular lo bueno y no reprimir lo malo sino simplemente ignorarlo. La no represión haría que el lazo de amor de los hijos por los padres que “nunca decían que no” los uniera maravillosamente. El mensaje era algo así como “si tu hijo te da un beso, sonríele y felicítalo, y si tu hijo te tira un cuchillo simplemente no digas nada, dale la espalda y entonces él dejará de hacerlo”. El resultado de esta teoría lo sabemos todos, su moda se dio fundamentalmente en los Estados Unidos y fue un desastre, pero lo que quizás no todos sepan es que quienes se atrevían a contradecir estos postulados eran tildados de autoritarios, neo nazis, bestias salvajes represoras que eran capaces de regañar a su propio hijo cuando le tiraba un jarrón a la madre, lesionando así gravemente el amor del hijo por los padres con ese NO. Se los comparaba con aquellos maestros autoritarios que hacían del puntero y la regla su herramienta de educación. De la misma manera somos tildados de “cultores de la represión” los adiestradores que aplicamos correcciones a los cachorros con una mordida en el cuello, y comparados con aquellos salvajes adiestradores de principios de siglo que usaban un azote como una de sus herramientas de trabajo. Así es como compara este escritor a que me refería al principio el corregir con una mordida en el cuello con el “patearlo a cada instante” . Para poder darle forma a un adiestramiento sin “NO”, es decir sin correcciones, se echó mano al antiguo conductivismo. Si el ratón de laboratorio aprendía a no tocar la puerta que le daba electricidad, y si aprendía a apretar el botón que expendía comida, entonces podemos usar esto y hacer que el perro siempre repita una acción buscando un premio. Suena maravilloso, hemos eliminado el “NO” de nuestras vidas, a partir de ahora todo será un eterno “SÏ”. Un mundo donde no habrá correcciones, todo será placer y alegría. Y para ello empleamos las viejas técnicas del conductismo, según las cuales un perro es una simple maquinita de repetir acciones buscando un bocadillo. Veremos más adelante cómo se rompe esta pompa de jabón después de los primeros pasos exitosos. La vuelta al equilibrio Por suerte cada vez que el pensamiento se trasladó a un extremo y luego al otro apareció una tercera posición de equilibrio. Del extremo del miedo a los padres se fue al extremo del miedo a los hijos, y hoy estamos en camino de ese equilibrio natural entre ambas posturas. Las que siguen son trascripciones de algunas partes del capítulo VII de mi libro Educación Natural para Tu Hijo, en las que se incluyen trabajos de distintos estudiosos de indiscutida notoriedad tales como la Dra. Goodall , el Doctor Fischer y el professor Dröscher: La Dra. Jane Goodall, en la reserva de Gombe, realizó observaciones con un grupo de chimpancés en estado natural. Pudo comprobar que la naturaleza a veces falla cuando un animal envejece, por ejemplo, dejando como resultado una cría inviable, cuyo destino final es su aislamiento y extinción. Estas observaciones fueron realizadas junto al lago Tanganika en el África Oriental. Los chimpancés suelen ser destetados a la edad de tres años. Una hembra chimpancé de edad avanzada, a la que la doctora llamaba Flo, tenía un hijo de ésta edad a quien ella denominó Flint. La fuente de producción láctea de la madre estaba ya agotándose, y como es costumbre entre estos animales la madre comenzó a rechazar las pretensiones de mamar de su hijo. Intentaba inclusive que se mantenga aislado físicamente de ella, que construyera su propio nido, que vaya ganando su independencia. Pero dada la edad de esta chimpancé no tenía la suficiente energía para imponerse. Era notable su debilidad física, y contrastaba con la gran energía de su hijo. Cada vez que la madre y lo empujaba a un lado, el hijo hacía una enérgica escena de gritos, alzando los brazos al aire y haciendo corridas llenas de furia. La madre asustada y preocupada corría a consolarlo, lo tomaba en sus brazos, lo calmaba, y lo dejaba mamar. Como consecuencia de esto el hijo comenzó inevitablemente a tiranizar a su madre. Desarrollándose un ejemplo típico del “hijo mimado”, quien a su vez se mostraba agresivo hacia la madre, llegando incluso a pegarle si no accedía a sus demandas. La madre intentaba defenderse con suaves golpes de su mano, en contraste con el enérgico comportamiento del hijo, y todo esto terminaba con su hijo mamando. Transcurrieron así unos dos años más del límite de tres años. Flint era incapaz de jugar con otros pequeños chimpancé del grupo, no podía integrarse a la comunidad ni establecer relaciones con los de su edad. La investigadora escribió: " cada vez se hacía más raro verlos jugar con los jóvenes de su edad; solía despiojarse a sí mismo y a su madre en vez de hacerlo con los demás. Se iba convirtiendo a ojos vista en apático y marginado ". Como vemos los hijos que han sido objeto de una educación en extremo permisiva, carente de reglas, como también los que se han criado sin madre, como en el caso que hemos citado de la madre de trapo y la madre de alambre, muestran finalmente las mismas características de agresividad, un exceso de miedo y una notable falta de capacidad para convivir con sus semejantes de manera armónica. Al igual que los pequeños rhesus del matrimonio Harlow, Flint se convirtió en un ser lisiado socialmente, y biológicamente inviable. ......................... Alan. E. Fischer. – Chemical Stimulation of the Brain, Scientific American – 1964 El Profesor Alan E. Fisher, especialista en problemas de los jóvenes, dividió un conjunto de cachorros de perro de 10 semanas de edad en tres grupos. q Grupo A: los trataba siempre con cariño, les permitía cualquier cosa, cada vez que entraba al lugar donde estaban los acariciaba, les daba golosinas y se dejaba morder, lamer, y saltar q Grupo B: los trataba siempre con desprecio, nunca los alimentaba personalmente, solo lo hacía a través de un agujero en al puerta para que no lo relacionen con nada bueno, cada vez que entraba a su lugar les pegaba si se le acercaban. q Grupo C: los trataba de manera cambiante, a veces los acariciaba, otras les pegaba, a veces los recibía con golosinas y otras con retos. Los resultados fueron increíbles: El grupo que más lo seguía, que más devoción mostraba por él, no era el grupo A, ni tampoco el grupo B, sino el tercer grupo, ese que recibía un trato desparejo y cambiante. A qué se debe esto?. La respuesta se encuentra en la poderosa necesidad de aprender con que cuentan las crías. .................. El ejemplo de los niños tratados como los cachorros del grupo A podemos encontrarlo en la frase muchas veces escuchada en los dramas de la vida real o del cine “te lo he dado todo y me haz respondido de esta manera”. Esta frase condensa el fracaso del grupo A en los experimentos de Fisher. Debemos dar siempre algo diferente, en concordancia con lo que hagan nuestros hijos. Tampoco sirve de nada actuar como en el caso del grupo B, donde los niños son siempre tratados con distancia y dureza. La frase sería en este caso “he sido todo lo firme que pude y sin embargo no ha servido de nada” Debemos ser firmes pero tranquilos, con una respuesta para cada comportamiento. El “te lo he dado todo y me haz respondido de esta manera” es la frase más oída en las entrevistas con padres e hijos en los institutos para droga dependientes. El “he sido todo lo firme que pude y sin embargo no ha servido de nada” es la frase más escuchada de parte de padres que ya no ven a sus hijos porque se alejaron para siempre de ellos. .......................... El psicólogo y zoólogo austríaco alemán Vitus B. Dröscher, cuenta cómo ha observado a algunos de los profesores de escuela de sus hijos cometer el error de los grupos A y B de Fischer. “Los primeros días de clases aplican un espíritu antiautoritario, en el que todo está permitido y facilitado como en el caso del grupo A de Fischer. Un par de meses más adelante los alumnos no prestan atención, se indisciplinan y distraen, ya que nada hay interesante ahí, entonces el maestro pasa a aplicar el método correspondiente al grupo B de Fischer. En su desesperación por reimponer el orden actúan con extrema dureza, castigando a todos por igual ante cualquier acto. Tampoco consigue que los alumnos aprendan.” (Nestwärme – Vitus B. Dröscher). Como vemos desde hace un tiempo se ha venido regresando hacia un punto de equilibrio, en donde la educación es considerada como la aplicación de la dupla “si” y “no” según corresponda a cada caso. Esto no significa que el “sí” consista en el no castigo y el “no” consista en el castigo brutal. Los mentores de adiestramiento conductivista montados en su carismática imagen “progre” quieren hacernos ver como mentores de la metodología del terror, donde el perro solo hace las cosas para evitar el castigo. Esto es del todo absurdo porque si un perro fuera tratado así solo respondería estando en una jaula, si tuviera la posibilidad de huir no lo dudaría un instante. Quiero decir que si el perro solo me responde porque lo estoy sometiendo a un terror similar al esgrimido por la SS alemana, atravesaría la frontera en busca de la tierra de la libertad ni bien tuviera esa oportunidad, por lo tanto no podríamos trabajar con perros sueltos sino siempre con correa, grilletes y calabozos. Sería imposible hacer trabajos de adiestramiento avanzado o adiestramiento para cine y televisión. Para el conductivismo la motivación es simplemente el “sí”. El perro hace algo buscando un premio, y deja de hacer otra cosa porque no recibe dicho premio al hacerla. Por ejemplo, las reglas del conductivismo sostienen que si se sienta a mi orden recibe una golosina, si no lo hace no recibe nada, entonces el perro aprende a sentarse. Si a mi orden de permanecer quieto no se mueve, recibe un premio, entonces repite esa actitud, y si se moviera de su lugar no recibe nada, con lo que en teoría rápidamente aprendería a permanecer quieto a la orden. Dicho así suena maravilloso, pero en la práctica se tropiezan con múltiples fracasos que hacen que los adiestradores que empiezan por emplear los métodos conductivistas (como por ejemplo el adiestramiento basado únicamente en el clicker), al poco tiempo llegan a un límite del que no pueden pasar. Al principio el cachorro respondió a la golosina sentándose, esto parece ser el cielo para una persona que nunca había adiestrado antes. Luego aprendió a echarse, y la cuestión suena maravilloso. Imaginemos el entusiasmo de un principiante que por primera vez consigue que un perro suyo haga algo como si realmente lo estuviera entendiendo. El perro hace cualquier acción por absurda que sea sin necesidad de otra cosa que un bollito de comida o un clic a tiempo. En el mundo del principiante es realmente revolucionario, sin necesidad de estudiar la naturaleza canina hemos encontrado un método que hace del perro casi un títere que reacciona a cada estímulo con una reacción programada por nosotros como si se tratara de una maquinita de obedecer. El principiante ya se imagina haciendo que su perro haga cualquier proeza basado en el mismo principio. “Si pude hacerlo sentar, con el mismo método podrá hacerlo filmar toda una película, es solo cuestión de tiempo”, piensa el entusiasmado principiante. Pero lamentablemente descubre al poco tiempo que ahí termino el trayecto, el perro aprendió unas pocas cosas básicas y no pasó de ello. Cuando queremos acordar el perro a cada rato se sienta esperando su premio, o se echa y nos mira expectante para ver cuando recibe la aprobación, muchas veces incluso cuando no le hemos dado esa orden, es decir se adelanta a la orden para tomar el atajo que lo lleva al premio. De pronto descubrimos al cachorro actuar sin estímulo, en una acción repetida sin sentido como el correr su propia cola que nos explicaba el libro del clicker como primer ejercicio de condicionamiento. Y cuando los principiantes en el adiestramiento empiezan a relacionar hechos descubren por ejemplo que un cachorro ha destrozado el sillón de la sala sin que por ello haya recibido premio alguno. Dentro del sillón no había comida ¿porqué repite este comportamiento entonces?. El cachorro no entiende que el sillón no debe romperse y al llegar nosotros se sienta estereotipadamente en espera de su premio. Es obvio que la razón es instintiva, el cachorro, o el perro sexualmente adulto pero cachorro en su comportamiento, ha obedecido a su instinto de eviscerar el sillón buscando las entrañas como lo hacen cuando cazan ungulados, ya que es en las vísceras en donde encuentran la mayor parte de enzimas y vitaminas su instinto los lleva a aprender esta operación lo más eficientemente posible. Hechos como este son miles y responden todos al instinto, y para reconocerlos y solucionarlos se debe saber más a cerca de la naturaleza canina,. Reconocerlo como un animal gregario con sistemas de comunicación más complejos que el simple “hago esto y me dan premio”, ya que si así no fuera el cerebro del perro no necesitaría mucho más tamaño que el cerebro de una almeja. Cuando empiezan a aparecer estos problemas sin solución el adiestramiento conductivista finaliza, el principiante necesita buscar un método que lo convierta en adiestrador o de lo contrario abandona el trabajo y se dedica a otra cosa. En algunos casos guardan el clicker y toman su paso por el adiestramiento canino como una etapa en su vida y ya no regresan a él, “yo antes le enseñaba a mi perro muchas cosas, aprendió a sentarse, dar la mano, pero ahora ya no tengo tiempo” dicen en medio de su frustración. En otros casos dejan de adiestrar y se dedican a escribir artículos en los que explican lo que el perro debería aprender con el método que a ellos mismos no les ha servido para lograr demostrar nada en la práctica más que lo básico elemental. Es algo así como el descubrir la construcción de casas con un juego de encastres, al principio parece que podremos construir cualquier cosa con ellos, pero luego la magia se termina y vemos que solo podíamos construir casas y edificios de juguete. Entonces, si miramos más allá, nos encontramos con adiestradores que han llegado más lejos en su carrera. Profesionales como Karl Lewis Miller con cientos de películas coordinadas desde Babe hasta Beethoven's, que han hecho el adiestramiento instintivista su método de trabajo. Verdaderos innovadores como Rudd Weatherwax, primer adiestrador en emplear las técnicas de actuación animal como las conocemos hoy, cuando realizó su primera revolucionaria actuación para Lassie Come Home (1943) en la secuencia de la salida de la inundación. En la actualidad los adiestradores instintivistas podemos valernos de algunos trucos conductivistas para salir del paso en determinadas acciones repetidas y simples, pero para el adiestramiento en serio, para ir más allá, el conductivismo no funciona, es solo un conjunto de trucos que podemos emplear para que un perro se siente o de la mano pero para nada nos hace llegar a lo profundo del motor que mueve la conducta de los perros, su jerarquización, sus pulsiones y deseos, y es por eso que estos métodos simplistas que caben en un sencillo manual entusiasman a los principiantes pero los desaniman después. Seguiremos con este tema en el próximo número. Les mando un abrazo Orlando Eijo
|