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Colaboración del ingeniero Francisco Requena, alumno de nuestros cursos en España PDF Imprimir E-Mail
Este es otro artículo escrito por uno de nuestros alumnos.
Como ya aclaramos en el número anterior, Francisco no está dedicado a la actividad del adiestramiento profesional, su profesión es la de ingeniero, y sin embargo leyendo su artículo no cabe ninguna duda que ha interpretado profundamente el contenido de nuestros cursos.

Este es otro artículo escrito por uno de nuestros alumnos.
Como ya aclaramos en el número anterior, Francisco no está dedicado a la actividad del adiestramiento profesional, su profesión es la de ingeniero, y sin embargo leyendo su artículo no cabe ninguna duda que ha interpretado profundamente el contenido de nuestros cursos.
En primer lugar Francisco hace mención al siempre un mal interpretado tema del movimiento de la cola. Es bastante común que se considere que un perro que mueve la cola es un perro que está contento. Nada más alejado de la realidad. Un perro te mueve la cola es un perro que tiene algún grado de excitación, puede ser por alegría pero también puede ser por una dualidad agresión/huida. Por eso es tan común que observemos a perros que mueven la cola cuando están realizando ataque. El aproximarse al amo provoca en el perro, una ambigüedad de sentimientos que van del deseo de acercamiento al temor a ser agredido, cuanto mayor sea esta inseguridad mayor es el movimiento de cola. Cuando el perro se acerca al amo con un total estado de tranquilidad y relajación lo hace con la cola baja. Y cuando un perro que realiza una sesión de ataque, su cola se meneará tanto más cuanto mayor sea su inseguridad por mantener y la cercanía o el contacto. 
Luego haciendo un relato interesante, Francisco da un claro ejemplo de cómo un movimiento de cola puede ser mal interpretado por las personas que observan la situación. El perro de talla pequeña no se acercó al de talla grande con la intención de jugar, sino de manera prepotente y desafiante, y su movimiento de cola corto y rígido tenía como función la de estimular las glándulas anales para segregar el olor particular del individuo, en en señal de desafío.

Posteriormente cuando habla de instinto básicos, destaca algo que me parece interesante recalcar, no es el más fuerte el lobo líder sino el más equilibrado. Un lobo físicamente fuerte pero temperamentalmente desequilibrado, jamás llegará a liderar un grupo. El respeto y la confianza en su liderazgo está basado en la claridad de los mensaje corporales que transmite el alfa. Esto ha evolucionado así para asegurar la supervivencia de la manada. Y aquí es donde fallan muchos intentos de adiestrar perros, cuando se trata de imponer por la fuerza física lo que no se sabe imponer por la claridad en los mensajes gestuales y corporales.

Y por último destaca algo que muchos adiestradores con experiencia a veces desconocen. Hay una clara diferenciación entre la agresividad por jerarquía y la agresividad predatoria. Y esto suele hacer caer en el error de pensar que un perro competitivo dentro de la manada es un perro con una alta capacidad para realizar ataques, cosa que no tiene nada que ver, ya que el ataque es en sí una actitud predatoria, es decir redireccionar la energía predatoria. llevándola a una situación de defensa territorial. Pero la competitividad jerárquica no tienen nada que ver con el ataque lanzado por la defensa del territorio, un perro altamente competitivo con sus amos puede ser un perro desastroso a la hora de realizar un ataque, y un perro perfectamente sumiso y obediente de sus amos se transforma en una fiera a la hora de cumplir la orden de atacar, sosteniendo la mordida y no soltando al atacado aunque reciba los peores castigos.
Orlando Eijo

COMUNICACION (por Francisco Requena)
¿Tienen los cánidos un lenguaje? No, los cánidos no tienen un lenguaje en el sentido antropomórfico, en cambio sí poseen signos de comunicación basados en los sentidos. Podemos, y debemos, conocer el estado de ánimo del perro por los signos que nos emite su voz, y la posición de orejas, rabo, cuerpo y boca. Aquí, como en tantos y tantos casos, las creencias populares no tienen que ver con la realidad. Si un perro se aproxima a otro, normalmente del mismo sexo, con la cola levantada y en sacudidas rápidas y de baja amplitud, ni muchísimo menos es que está contento y va a saludar de tal modo como "Hola amigo, ¿quieres que juguemos un poquito?", más bien, dependiendo de la actitud de su otro congénere o bien desemboca en pelea, o bien en uno de los perros corriendo con el rabo entre las patas.
Si un dueño de perro no sabe interpretar el lenguaje de los perros y pretende que el perro se acomode al vasto y complicado lenguaje humano (fruto de nuestro status superior de evolución), lo lleva mal.
Nuestro perro capta el más mínimo movimiento que asocia a nuestro estado de ánimo, eso si lo entiende perfectamente, igual podemos hacer nosotros con él.

PERRO BUENO PERRO MALO
Con frecuencia el sentir popular nos hace caer en la más completa ignorancia. Así, Pepo un impresionante perro de pastor gruñe y tira por el suelo a Qanto, simpático Beagle que hacia unos instantes se paseaba alrededor con unas tremendas ganas de jugar y de pasear. ¿Es esto cierto? No, pero es lo que han pensado los dueños de Pepo (que se lleva un mamporro en el hocico) y de Qanto (que se lleva caricias y mimos). La situación transcurre así: Pepo, permanece sentado tal y como su dueño le había ordenado con un rotundo "Sit", a 50 ó 60 metros aparece Qanto, por supuesto sin correa y olisqueando el prado todavía invernal, Pepo agudiza sus orejas y apunta a Qanto con ellas, éste se acerca despacio, echando pecho hacia adelante y con la cola levantada como asta de bandera y con pequeños movimientos pero enérgicos y rápidos, una vez está a 5 metros de Pepo, se detiene, pasea por delante de él (sin que el dueño de Qanto le llame) y orina, en un milisegundo de distracción del dueño Pepo se levanta, cola arriba, pequeños movimientos enérgicos, orejas hacia adelante y pelo erizado, no ofrece su trasero, si no que gruñe tira al suelo a Qanto que se somete, aprovecha que el dueño ha agarrado a Pepo para salir corriendo con el rabo entre las patas y voces lastimeras. No, no ha ocurrido nada, simplemente las provocaciones de Qanto hicieron generar tanta adrenalina a Pepo que fue inevitable el acontecimiento. Lo evitable fue la actitud de los dueños, desconocedores de la comunicación de los perros y adjetivando a los mismos con patrones humanos que no sólo desconocen, si no que les son inaplicables.

INSTINTOS BASICOS
El perro actúa por instintos y por experiencias asociadas (aprendizaje), no tiene consideraciones morales ni éticas, eso es un plano exclusivamente humano, es injusto tratar a los perros desde una óptica humana, enjuiciando sus actitudes como buenas o malas, simplemente son así, y eso debemos de saberlo.
Desde el principio su impronta genética evolucionada a lo largo de los años establece esta prioridad: Supervivencia. Y con ella empieza el debo: debo comer, debo beber, debo resguardarme y debo procrear y eso le permite desarrollar los instintos y aprendizajes en: Cazar, hacer presa, agresividad, miedo y cópula.
La Supervivencia de la especie lleva al individuo a adoptar una serie de comportamientos tales como: Jerarquía, Colaboración y Reproducción:
La Jerarquía permite el desarrollo correcto de la manada y facilita la supervivencia, el líder es el primero en todo y el que tiene el derecho de la reproducción, los demás acatan las órdenes y sólo el beta de la manada será el que trate, en el momento de máxima debilidad del líder hacer la revolución.
La colaboración es indispensable, no sólo para abatir las piezas más grandes, si no para la crianza y el juego (enseñanza) de los cachorros, labor en la que después de los dos meses de edad (tras el destete) participan los machos adultos.
La Reproducción está vedada para los rangos inferiores, sólo la pareja alfa transmitirá el 50% de los genes de cada uno para continuar con la especie. Recordemos que el alfa no es sólo el más fuerte físicamente, si no el más capacitado para hacerse con la congregación de voluntades de los miembros omega, y eso es una estratagema política dentro de la sociedad de los canes.
Como supervivencia el individuo desarrolla los patrones de caza, presa, agresividad y miedo.
La caza le permite saciar el hambre y con ello establecer su estado físico y eso le reconforta anímicamente.
El perro tiene que hacer presa para matar la pieza cazada, asocia que si la presa queda aturdida por la mordía y es liberada, aquella escapará inmediatamente en cuanto recupere el más mínimo soplo de aire, por lo que aprende a romper volteando en giros rápidos la cabeza en las piezas menores, y a no soltar hasta el desgarro en las piezas mayores.
La agresividad y el miedo son patrones contrarios adoptados ante las situaciones que se presentan para la supervivencia. El miedo lleva a no despeñarse por un barranco o a esconder a las crías ante una amenaza superior.
La agresividad es la que acentúa su afán de atrevimiento y status quo. Los signos de la agresividad son dominancia o sumisión. Un perro en actitud agresiva y gesto sumiso es peligroso si no se le permite una salida rápida, ya que atacará igual que el dominante.
Francisco Requena

 
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