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Daniel Chena, adiestrador de caballos PDF Imprimir E-Mail
nos explica sus métodos, mediante los cuales puede lograr que potros sin doma alguna permitan en pocos minutos que les camine por arriba mientras permanecen echados en el suelo, o se acueste entre sus patas mientras ellos se cuidan de no lastimarlo ni accidentalmente.

Doma por atracción social
por Daniel Chena

Mi técnica no es compleja, solo se trata de dejar que el caballo marque el ritmo. Yo le llamo a esto “preguntarle al caballo”.

Yo le pregunto, constantemente le pregunto qué hacer ... “puedo?” ... “sigo?” y el caballo responde, solo hay que saber entenderlo.

El caballo es un animal temeroso. Su miedo es su modo de vida. Primero se asusta, luego se fija de qué es que se asustó.

Esto es lógico puesto que el caballo no tiene cuernos ni armas de ningún tipo, su defensa, como victima de los predadores, es correr lo más rápido posible y anticiparse a los ataques. Es entonces lógico que el caballo primero corra y después mire de qué corrió.

Se le debe dar tiempo. Con el tiempo él probará cada situación y se entregará.

Tratándose de un animal temeroso es igual un animal curioso. No se trata de una almeja que se encierra en su armadura y no sale de allí, sino de un animal con un cerebro complejo, dispuesto y necesitado de aprender del entorno, y por lo tanto un animal curioso.

Si observamos una cebra cuando cae víctima de un predador, veremos que llega un momento en que su lucha cesa, se entrega y se deja morir mansamente sin seguir luchando. Esto es lo que se suele hacer con la doma tradicional. Se castiga y se somete al caballo hasta que su espíritu quiebra, el caballo se da por vencido y se deja caer bajo las órdenes del domador.

Yo hago otro trabajo, le doy la oportunidad de que el caballo venga a mí. Que sepa que en mí encontrará un compañero en quien puede confiar. Entonces le doy la oportunidad de matarme a patadas y él no solo que no la aprovecha sino que hasta puede llegar a sufrir calambres con tal de no moverse para no lastimarme cuando me acuesto entre sus patas.

Esto lo hace porque sin mí estará solo. El ya confía en mí y para él soy alguien importante, soy quien lo ayuda, cuida, apoya, y esto sucede en unos pocos minutos, menos de una hora.

No hay secretos en esto, solo se trata de saber qué dice el caballo con su cuerpo, sus ojos, hasta con el corazón. Cuando comienzo a probarle la sobrecincha a un potro puedo sentir claramente el corazón a través de ella. Esto es así porque la cincha o correón se ajusta del lado izquierdo. Si el corazón está acelerado, el potro tiene miedo, debo darle más tiempo, relajarlo, y luego seguir ajustando la cincha a medida que él me dé señales de que su temor va cediendo.

El proceso es rápido si se hace bien, porque el caballo es rápido para asustarse y rápido para serenarse, de manera que su adaptación a cada cosa es muy veloz si lo hacemos bien.

Cuando hago una exhibición doy a elegir al público el potro que ellos quieran entre varios jamás tocados por el hombre. Casi siempre la gente opta por el potro más brioso, el que bufa, rasca la tierra, y se muestra peligroso. Ese suele ser el potro más temeroso y por lo tanto el más fácil de trabajar.

Al separarlo de su tropilla, queda solo, y esa soledad lo pone más inseguro, necesita de alguien en quien confiar, si lo asusto será difícil de controlar, pero si le inspiro confianza no se despegará de mi lado.

Me dejo olfatear, le doy su tiempo, dándole la espalda lo cual es un gesto de aprobación entre ellos, y en pocos minutos, frente a un público que no creía que podría lograrlo, el potro me sigue como si se tratara de un perrito. Un rato más tarde le he colocado un bozal, una sobrecincha, y ya lo estoy montando sin ningún salto de su parte. Rato más tarde lo tengo acostado en el suelo y le camino encima, me acuesto entre sus patas y me siento en su vientre mientras lo calmo con caricias.

Si el público elige un potro más calmo, seguramente me llevaría más tiempo hacer el trabajo, porque por ser más seguro de sí mismo tardará más en sentir la imperiosa necesidad de tener alguien en quien confiar. Igualmente es solo cuestión de tiempo, horas más u horas menos cualquier potro nos dará su confianza y amistad.

 

(*) Daniel Chena actualmente colabora con nosotros en D&P ( http://www.AnimalesEnEscena.com.ar )

 
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