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El caballo es una presa, su cerebro ha evolucionado para
reaccionar rápido ante cualquier evento tomándolo como amenaza a su vida.
A diferencia de un perro o un gato, para quienes
cualquier movimiento repentino representa una posible presa, y son procesados
por el hipotálamo lateral, el caballo actúa con
influencia del sistema parasimpático y acción directa del hipotálamo distal.
Por otra parte, si no existiera un alivio a esa tensión
permanente, su sistema nervioso lo mataría, ese es el motivo por el cual
el caballo ha desarrollado su capacidad gregaria, es decir, la relajación que
viene de estar en manada.
Existe un punto importante en la impronta del caballo al
nacer que define las relaciones afectivas dentro de la manada, su relajación y
ese sentirse bien en compañía del otro,
conociendo y manejando esos puntos Daniel Chena desarrolló un método simple,
efectivo y rápido de doma que da por tierra con los métodos del sometimiento
por miedo y cansancio.
Un método mediante el cual el caballo disfruta de la
compañía del humano, se relaja y se siente
integrado plenamente a esa relación social.
Lo
contrario
En la doma tradicional, el caballo siente que un predador
le santa encima, y lucha por zafar aún a costa de golpearse contra el suelo a
veces a muerte. El jinete representa un predador,
y el azote representan las garras que laceran la piel de la presa. Una vez
agotado, el caballo es invadido por un torrente de endorfinas, segregadas por el
cerebro con el objeto de aliviar el dolor, y son esos opioides cerebrales los
que hacen que el caballo se entregue, es decir, se quiebre su espíritu de lucha
y se entregue al predador

Estos son pasajes de la doma tradicional por sometimiento. Muchos caballos
mueren o se fracturan al punto de ser sacrificados en el lugar durante estas
actividades.
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